Archivo de la etiqueta: navidad

Una varita de verdad

Boo Boo estaba tirada al borde de su cama sin hacer nada. La tarde hacía ya rato que se había echado a perder. Al final no había quedado con sus amigas para ir al cine y Tom, aquél loquito que tanto le gustaba, se había ido a no se dónde a hacer de las suyas. De modo que Boo Boo se quedó en su cuarto mirando al techo, sin hacer nada, en una tarde de domingo como cualquier otra.

Boo Boo apenas tenía dieciseis años, pero ya era toda una mujercita. Si algo se le metía en la cabeza normalmente lo conseguía. Sus padres, hacía tiempo que no le negaban nada pero no porque fuera una niña malcriada, sino porque, normalmente, Boo Boo pedía sólo aquello merecía. A los seis pidió, por Navidad, una bicicleta sin rueditas y sus padres se la negaron porque tenían miedo de que se cayera. Ella, empecinada, estuvo dos días sin probar bocado. Se sentaba en la mesa, bebía agua y, por mucho que sus padres le dijeran que tenía que comer y la amenazaran con futuros castigos, ella no cedía. Algo dentro suyo le decía que la merecía, que no estaba pidiendo nada que no fuera posible conseguir, que era justo que tuviera esa bici y que por ello era necesario luchar. Además Santa Claus seguro estaba de su parte. De modo que se sentaba con aire triunfal en la mesa y los observaba comer a cada uno de los integrantes de su familia mientras sus padres, preocupados, le rogaban que comiera. No fueron pocas las horas que estuvo frente a sus platos pues en su casa existía la norma de que nadie podía levantarse de la mesa hasta que hubieran terminado sus platos. Fue así como la hora de la comida se transformaba en la hora de la cena y la hora de la cena en la hora de ir a dormir, pero Boo Boo no comía ni una pizca. Fue por ello que al cabo de dos días el padre de ella apareció en la puerta del colegio con una bicicleta nueva y con cierto orgullo se la entregó a su hija. Algo le decía que Boo Boo estaba destinada a hacer grandes cosas.

Años más tarde Boo Boo se disfrazó de Campanilla por Carnaval. El disfraz era perfecto, tenía sus alas, sus orejas puntiagudas, su vestido hecho girones y la habían maquillado con purpurina por toda la cara y los brazos por lo que cuando le tocaba la luz no paraba de brillar. Boo Boo sentía que podía volar, que Peter Pan podía aparecer en cualquier momento persiguiendo a su sombra y que te tendría que ayudarlo a atraparla. Pero había algo que no terminaba de encajar del todo. Boo Boo se miraba en el espejo y en su mirada se percibía que algo le rondaba por la cabeza. Aunque estaba ilusionada por salir a la calle y disfrutar de la cabalgata, algo no terminaba de dejarla disfrutar de todo ello. De pronto su madre le pregunto:

  • ¿Boo Boo qué ocurre?
  • La varita –respondió Boo Boo mirando al suelo malhumorada-, la varita no es de verdad.

Su madre, sin querer, soltó una sonora carcajada. No entendía cómo podía ser que Boo Boo demandara una nueva varita, una varita de verdad.

  • Pero cariño, las varitas de verdad no existen…

Boo Boo la miró a los ojos y no dijo nada pero momentos más tarde se fue a la ventana y tiró la varita por la ventana. No quería saber nada de una varita que no cumpliera su cometido.

Ahora, en su cama, mirando al techo, Boo Boo recordaba aquél episodio y se le dibujaba una sonrisa en el rostro. Quizás no había varitas, quizás este mundo no fuera tan mágico como a veces sentía, pero estaba decidida… a la mañana siguiente se marcharía para no volver más.

Anuncios

Holly

Hoy al volver a casa me he encontrado a mi novia follando con un desconocido. La verdad que me ha parecido muy extraño, Holly siempre escucha mis pasos cuando subo las escaleras y viene a recibirme a la puerta de casa pero hoy no ha venido. Al entrar en el piso, he cerrado la puerta y la tranquilidad que reinaba en el ambiente ha hecho que me recorra un escalofrío por la espalda. He avanzado lentamente por el pasillo que conduce al cuarto pensando que Holly quizás se había perdido.

 Hace ya unos años, por Navidad,  perdí a la perra de mi madre. Un Braco de Weimar o Weimaraner. El animal más bello que haya existido. Un todo terreno. La llevábamos con mis amigos a un acantilado que daba a parar en una cala cercana a casa, cogíamos una piedra, casi siempre de grandes dimensiones, y la tirábamos a la cala o al mar y el Braco bajaba a toda velocidad por la ladera de la montaña, sorteando todo tipo de arbustos, árboles y demás vegetación por una cuesta de unos cuarenta cinco grados, para después llegar a la playa y encontrar la misma piedra que habías tirado entre centenares de ellas y traerla nuevamente subiendo la ladera de la montaña. Un espectáculo. Después hubo un día, cuando era un teenager, que le pegué porque no había hecho caso a una orden. El braco se acordó de ello y la segunda vez que lo hice se fue para no volver jamás. La tarde en que desapareció me fui con la moto a buscarla por los alrededores pero, en el fondo, pensaba que tarde o temprano volvería. Más tarde llegó mi madre a casa y ella se pasó una semana buscando al braco por todas partes. Volvía de trabajar agotada pero igualmente se iba a buscarla. Nunca la había visto tan desolada. Yo empapelé parte del pueblo con su foto ofreciendo recompensa por algún tipo de información y hubo gente que llamó diciendo que la habían visto pero nunca volvimos a saber de ella. Supongo que lo peor de todo el asunto es no saber que diantres sucedió. A medida que fue pasando el tiempo, en mi cabeza se fueron acumulando las diferentes posibilidades de lo que le podría haber ocurrido. Incluso hoy que escribo estas palabras imagino con angustia todo lo que le pudo acontecer. Pero por muchos esfuerzos que hicimos, nunca volvimos a saber de ella.

De modo que avancé por el pasillo con la sensación de que Holly se había perdido. Prefería que atropellaran al maldito perro, o que me lo envenenaran, a pasar de nuevo por todo lo que pasamos con el braco (un remordimiento sigue dentro mío  y sé que moriré con él). Abrí la puerta del cuarto y allí estaba ella. Holly salió y me dio un lametón, estaba feliz por verme, supongo que el aire de felicidad que reinaba en el ambiente se le había contagiado. Los perros son así, si estás feliz ellos también. “Ángeles correteando entre demonios”, como decía mi abuela. Después he levantado la mirada y he visto como al desconocido se le encogía el rostro tomado por el miedo más antiguo del mundo, ese miedo de “me estoy follando a tu mujer”. He mirado toda la escena y me ha salido del alma:

-¿Verdad que la perra folla bien?

Después me he ido al salón con Holly a mi lado, me he servido una copa y me he sentado en el sofá. Holly se ha puesto en mi regazo demandando mimos, yo le he dado un sorbo a la copa. Hemos encendido la tv y puesto el partido. El Barca iba ganando. Messi, como de costumbre, estaba haciendo un gran encuentro.