Un día cualquiera

Y si, al final ninguno de nosotros estamos tan bien como creemos. No conozco a nadie que se levante por la mañana silvando la séptima de Bethoveen. No conozco a nadie que se mire en el espejo y se reconozca. A nadie que diga “oh mira ese tipo/a que hay frente a ti; que ser admirable, prodigioso, que perfecto y en paz consigo mismo parece, como brilla de manera única; a nadie que al verse piense: ¿me gustaría compartir con él/ella cada unos de lo instantes que forman tu vida hasta el final de los tiempos? No, no conozco a nadie que lo haga. Lo normal, lo mas común; aquello que la vida me ha enseñado que solemos hacer todos, es quejarnos. Sí, nos quejamos. No paramos de hacerlo. Maldecimos. Condenamos. Nos cabreamos sólo abrir los ojos. Decimos que la economía va mal, que hay paro, violencia, que ya no se vive como se vivía antes y que la gente ya no habla cuando se encuentra; que ahora lo más común es fijarse en la última foto de INSTAGRAM de algún/a pelotudo/a al que apenas conoces pero que tiene un look “guay”; que el arte hace tiempo ha muerto, que todo es pose; que las palabras se las lleva el viento y de lo actos ya nadie se acuerda; que todo lo que hagamos tarde o temprano será olvidado; que la literatura ya no es leída y la política es sólo para aquellos que quieren hacer dinero; que el amor no existe y el sexo es simplemente un vicio más; que yo tengo un problema (no uno, varios, y parece que con el tiempo se agudizan); que la amistad se compra con cuatro tragos y la cocaína es cada vez más cara; que todos queremos triunfar y, como decía un gran poeta, marcharnos entre aplausos; que la paz ya no hay quien la compre, que es mejor la guerra; QUE ESTAS PALABRAS NO VALEN NADA, que todo el mundo tiene sus PROBLEMAS; y, que al fin y al cabo, a lo largo del último año, no hemos hecho otra cosa que buscar el sol; que somos cobardes, más de lo que no gusta reconocer y que no damos todo el amor que deberíamos; que la vida pasa y no nos damos cuenta; que nada parece tener sentido, que odio, que amo, que no lo tengo claro y, sin embargo, no se por qué, no me pidan una explicación lógica, (no la tengo) hay algo dentro mío que, cada día, se muere por ser amado y conocerte un poco más otra vez… Y que, después de todo, sólo espero que haya servido de algo…

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