Extractos de novela “Candela”

6 de Mayo

Hace días que tengo pocas ganas de escribir. Carlos sigue liado con su trabajo, no piensa en otra cosa que seguir haciendo dinero. Dinero, dinero, dinero… No entiendo esa obsesión que le ha entrado en los últimos años por acumular y ganar más y más. Supongo que hay algo en el acto de ganar dinero, en demostrarle al mundo que sabe cómo se juega al capitalismo que inconscientemente es muy macho. Laura dice que los tíos hoy en día están más jodidos que nunca, que no saben para dónde tirar, que tienen los días contados y que temen que un día u otro las mujeres descubramos cómo seguir adelante sin ellos… Pero acto seguido, Laura siempre saca el tema de la carne “nena, la verdad que no tengo ningún tipo de dudas sobre cómo sería la tierra sin estos teenagers neardentales que son los hombres hoy en día… todo sería verde y democrático y lleno de zapatos (jijijijiji), pero como echaría de menos ese trozo de carne jajajajaja”. Laura cada día está más loca, pero es mi loca (sin duda la menopausia le está afectando). En todo caso, creo que Laura tiene algo de razón, hay muchos hombres hoy en día que están obsesionados con ganar más. Quizás es algún tipo de mecanismo de defensa –si tienen dinero, siempre serán útiles, siempre serán válidos- y qué duda cabe de que hay mucha lagarta suelta a la que un buen fajo de billetes le impresiona más que unos buenos bíceps o una mente brillante y quizás sea eso lo que me molesta de toda esta situación con Carlos. Carlos parece haberse rebajado a esa clase de mundo que tan poco me gusta: el dinero, el éxito, el ser más que los otros, el competir y mostrar qué bueno eres. Carlos sabía desde un principio que yo lo quería por lo que es, por los recovecos más íntimos de su alma, esos claroscuros a los que solamente yo llegaba. Recuerdo cómo a veces tenía la sensación de ser una espeleóloga – o cómo demonios se llamen esos que se adentran en las cuevas-, una exploradora de los escondites más inaccesibles de su ser en los que iba plantando mi bandera en cada una de las cimas que alcanzaba. Había momentos, después de alguna que otra discusión, después de alguna de sus crisis existenciales en las que por fin se habría y me mostraba esa luz que había en su interior y que no era otra cosa que una mezcla de vulnerabilidad ante la existencia y determinación de que yo estuviera a su lado, en los que me sentía como Livingstone al descubrir las cataratas Victoria. Era un pequeño triunfo. Una revelación. La reafirmación de que había encontrado a mi media naranja. Me daba igual si no era el más guapo, si no tenía las ideas claras sobre para dónde tirar en su vida. Yo era su sostén, aquello de lo que pendía su universo entero y eso me hacía más grande de lo que soy en realidad. Mi vida ya no me pertenecía, era parte de otro, podía salir de mi cuerpo, dejar de lado mis preocupaciones, ser parte de algo más grande. No sé, quizás es algo que nos pasa a las mujeres, siempre tenemos ese gen materno que nos lleva a cuidar y proteger. Quizás sólo sea egoísta y necesite algo más que mi  yo porque cada vez que miro hacía mi interior no veo otra cosa que un gran y profundo abismo en el que puedo caer en cualquier instante… Quizás estás dándole vueltas demasiado Candela. ¡Deja de darle vueltas Candela! Pero hay algo que es cierto. Carlos y el dinero, el dinero y Carlos me están dejando fuera. Hace tiempo que ya no tengo ese sentimiento y hay días en los que me pregunto qué hago con él. Lo miro sentado al lado mio en el sofá y es como si viera a un extraño. Y no me gusta dormir con extraños…

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