EL BOTÓN DE PÁNICO

Joder! Marc tiene la culpa de todo. Si no hubiera sido por él nunca estaría ahora mismo en esta cama. Marc… Si, él debe tener la culpa. Lo peor es que ahora ya no puedo volver atrás. La vida debería tener un botón de pánico, un botón que pudieras presionar y dar marcha atrás a las tremendas cagadas que llegamos a cometer. Algunos dirán que de esta forma no se aprendería. Puede ser, bueno, en ese caso… En ese caso que fuera un botón que sólo pudieras apretar una vez. Dos, a lo sumo. Pero no me digan que no sería de enorme utilidad. El botón de la emergencia, ese botón sagrado que nos bendeciría con una segunda oportunidad, eso tan raro en nuestros días. Con este botón no habría tantos juicios, ni crímenes pasionales, ni se mandaría ese mensaje de texto o de facebook a las seis de la mañana por el cual pasas vergüenza el resto de tu vida. Un simple botón lo arreglaría todo. ¿Qué clase de ser inventó este universo? ¿A caso le faltó un día? Algo así como: <<Y EN EL OCTAVO DÍA, DIOS INVENTÓ EL BOTÓN QUE ARREGLA TODO>>. ¿Están conmigo o no? Vamos, por favor. Ese tipo es Dios, no es cualquier capullo que hace una maqueta, o tiene una pecera en la que recrea “su propio universo” y puede sentirse todopoderoso. Hablo de Dios. ¿No creen que algo así se le podría haber ocurrido? Se me ocurre a mi, uno de los capullos más grandes que ha parido madre alguna. Pero a Dios no. En fin…

La cosa es que no se cómo voy a poder mirarla a la cara nunca más. Soy un mentiroso; la peor clase de mentiroso que pueda existir. Soy esa clase de persona que, al mentir, le sale un tic extraño, como por ejemplo, tocarse el lóbulo de la oreja; o el típico al que le han dicho que el mentiroso no puede mirar a los ojos de la otra persona y, teniendo eso en cuenta, no para de mirar fijamente a los ojos. Total, un desastre. Lo peor de todo es que soy incapaz de mentirle a ella. Ella lo es todo para mi. Cuando digo todo, es todo. Pero Marc me tenía que meter todo eso en la cabeza. Eso de que somos jóvenes, que ella siempre va a estar a mi lado, que me quiere y que no fuera tonto, que la rubia que me estaba mirando fijamente desde hacia cinco minutos no iba a volver a pasar. Supongo que lo que hizo que actuara de esa forma fue la realidad a la que apeló Marc, <<tío, aceptalo, no eres un tipo guapo, ni mucho menos elegante; tampoco rebosas seguridad, ni eres un intelectual que pueda divagar a cerca de, por ejemplo, el papel de la mujer dentro de la literatura beatnik y, bueno, no es que te sobre el dinero. Ahora respondeme a una cosa: ¿cuándo crees que se te va a presentar otra oportunidad igual? Nunca. Esa mujer, no se como decirlo, pero, por alguna extraña razón -probablemente una razón tan retorcida que necesitará varias sesiones de terapia para saber a qué se debió esa atracción insana, casi demente, por ti- te desea. Por lo tanto, hazme el favor. Haz el favor a toda nuestra especie de don nadies con ínfimas oportunidades de “levantarnos” esta clase de mujer y, ¡por dios!, acuéstate con ella. Se su juguetito por un día.>> Marc puede ser muy convincente cuando quiere.

De modo que me acosté con ella y ahora estoy aquí, en la cama, mientras ella ronca a mi lado, pensando qué cara voy a ponerle a Laura cuando me pregunte cómo fue la fiesta de cumpleaños de Raúl. Además, mientras los estábamos haciendo, me di cuenta de que tampoco era tan bella, más bien tenía esa clase de belleza ordinaria, común, casi desagradable. No podía darle el más mínimo beso pues la cena, que había consistido en un carpaccio de buey, le había despertado cierta acidez a parte de una incipiente alitosis… Ya pueden imaginar. Tenía un amigo que decía que prefería follarse a una chica fea con buen aliento a follarse un “pibón” al que le oliera el aliento a mierda. En esos momentos no podía sacarme de la cabeza su cara. Toni, se llamaba Toni. ¡Maldito Toni! Está bien, no voy a decir que me estaban torturando pero me encontraba en esa situación en la que uno se siente agradecido de que lo hayan elegido para una noche de sexo, pero que tampoco quiere seguir con la faena. Se puede decir que no estaba centrado en el asunto, ni mucho menos centrado en perforarla y dejarme llevar en una danza de lujuria. Asco y placer; asco por mi valor moral, placer por tener lo que Marc me había convencido que él desearía. Me veía desde afuera, como si fuera un documental de animales. ¿Se han parado alguna vez lo que realmente es el sexo? Un ser metiéndose en otro repetidamente, jadeando, gritando y sudando. Si te explicaran esto de pequeño, en esa eterna pregunta que los padres nunca quieren afrontar, nada de esto pasaría. Y bueno, si, al final me corrí y sólo correrme me dí cuenta de lo que podría pasar, de que podría perder a Laura y a Laura yo la quiero, la amo, la adoro, es mi próxima bocanada de aire. Por ello me cago en este dios imperfecto. Si, ya no lo escribo más con mayúscula, no entiendo a que viene tanta reverencia y respeto… Al fin y al cabo ¡no inventó el botón! Solo espero encontrar la combinación exacta de mirarle a los ojos y a otra parte, como quien no quiere la cosa… Quizás ni si quiera se da cuenta. Pero que coño estoy diciendo… Laura siempre se da cuenta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s