FINALES “FELICES”

Estas lineas son escritas desde el fin del mundo. Un cristal me separa de uno de los lugares más maravillosos que el el planeta ha creado. Aquí, sentado, atardeciendo, los cielos dibujan una de las composiciones más grandiosas que ha creado el universo; las montañas acaban de ser nevadas; los ojos de los intrusos que estamos por “estos lares” no dejan de asombrarse y, sin embargo, mi interior, mi alma, aquello que me hace ser el que soy, se siente un poco desilusionado, maltratado, podría llegar a decir (y quizás no soy justo) desilusionado, traicionado y triste. No hay paisaje (y supongo que eso es lo triste, algo que nos pasa a todos los que amamos este deporte), ni cielo, ni maravillosa postal que pueda calmar el dolor que siento ahora mismo. El Barça acabA de ser arrollado por el Bayern. Siete a cero. Nada que decir, fueron mejores. Mucho mejores.

El consuelo que puedo encontrar es que me encuentro aquí… en el fin del mundo, donde las realidades humanas, las pequeñas tragedias que nos golpean cada día, parecen difuminarse en lo que rodea al sujeto. Supongo que no hay mejor lugar en el universo para ver tal drama. Desde pequeño, siempre que un equipo de esos que llevo en el corazón (que en mi caso se resumen al Barça y a mi querida, y tan irregular, selección argentina) pierde, pienso lo mismo, “el fútbol no es la vida” o “el fútbol no lo es todo”. Supongo que no hay mayor verdad que esa. El fútbol no es nuestra vida y, por suerte, es así. El fútbol, siendo realista, no representa más que una infinitésima parte de lo que es nuestra vida, de lo que nos hace felices, de lo que nos hace llorar. Caulquiera que haya amado alguna vez sabe de lo que hablo. Nos despertamos, nos vamos a dormir, comemos, sudamos, trabajamos duro, no por el fútbol, sino por nosotros; por nuestra alma, por nuestros sueños (que todos sabemos, por suerte, que son muchos, no quiero saber nada de esas épocas en las que, ni siquiera los sueños, nos hacen levantar de la cama-quizás sea una de las pocas partes de nuestrra vida en las que el fútbol nos ayude-), por todas las personas que queremos y las preguntas de las que ne3cesitaqmos saber las respuestas. El fútbol, por suerte, una vez más, no es nada de eso. Nuestra vida trasciende todso eso. No hemos venido al universo para ver fútbol, ni para sufrirlo. O, por lo menos, las vistas y paisasjes de los que disfruto es lo que me dicen. No puede ser de otra forma. Cualquiera que haya tenido la suerte de visitar estas tierras, sabe de lo que hablo. Somos grandes. Quizás no somos esa montaña nevada que se levanta imponente ante mi. No somo el río que se forma del glaciar, no somos la hierba que crecde infinita, ni el viento, ni el frío que golpea tu cara y te hace sentir vivo. Somos algo más pequeño, algo que todos sabemos que es más insignificante que todo eso. Pero somos y el mero hecho de existir ya debe hacernos sentir importantes. Que nadie lo dude. ¡Somos importantes! Aunque haya días en los que te mires al espejo y te sientas poco más que el sorete que es pisado por la suela de tu zapato y acaba en la vereda de cualquier ciudad delmundo. ¡Despojos! ¡No! No nos engañemos, no lo somos… ¡Polvo de estrellas! Y sólo necesitamos una chispa que nos haga brillar… nada más.

En el fin del mundo todo parece adquirir otro aspecto. Los problemas, tu día a día, aquello que en la ciudad te agobia, aquí parece ser relativo. Quizás sean los cielos que parecen golpear tu mirada, las nubes que te visitan furtivamente cuando menos lo esperas, las lagunas escondidads, con turba y montañas que las siguen y esos caballos y perros que se encuentran a cada paso. Todo remite a otra época. Épocas en las que no existía el fútbol, en las que veintikdos tipos detrás de una pelota era algo vanal, efimero, casi un chiste para esas fuerzas que comandan estas tierras. Vida y muerte, voluntad de poder que diría Schopenhauer. Fuerzas que apenas llegamos a comprender luchando por hacerse un hueco en el universo., Y allí, en esos espacios -en estos lares- el fútbol no es nada. Se acaba convirtiendo en aquello que es. ¡Fútbol! “Fútbol es fútbol”, eso lo sabemos todos. No es nada más que una parte infinitisimamente pequeña de nuestra vida, del uiniverso, de la tierra, de las fuerzas que pueblan nuestro hermosos y cada vez más delicado planeta. ¡Dios salve a la tierra! Pero es fútbol al fin y al cabo.

Recuerdo la primare vez que pensé que el fútbol sólo era fútbol. Nada más. Argentina acababa de perder uno a cero contra alemania en el mundila del noventa. Maradona lloraba y, sin explicación lógica, esas eran las mismas lágrimas que recorrían mis mejillas y, probablemente, la de muchos argentinos (todos sabemos como estaba el tobillo de Maradona…). No había explicación lógica a ese fenomeno. Lloraba porque había algo dentro mío, algo de lo que cada vez estoy más seguro participan esas fuerzas que componen nuestro universo, que me empujaban a sentirme triste y desconsolado. Mi madre me miraba tiernamente, decía que era un aprendizaje “no siempre se puede ganar”, y bueno, que decir, es algo que he ido aprendidendo a lo largo de mi vida con los innumerables fracasos que he tenido, con todas esas veces que no he podido aguantar la mirada de un ser querido. La segunda vez fue por culpa de mi adorado Barça. El AC Milan de Capello acababa de pasarnos por encima en la final de Atenas. Todavía recuerdo a Desailly,esa pantera negra que se comío a toda la delantera del Barça, subiendo la pelota con una potencia que no había visto hasta entonces. Cuatro a cero. El Dream Team, ese equipo que había maravillado los ojos de tantos amantes del fútbol a lo largo del planeta, había sido aplasatado por la voluntad de once tipos que querían más que a su propia vida la victoria. Romario, Stoichkov, Laudrup o Koeman, por nombrar a los más grandes de aquél glorioso equipo, no habían podido perforar ni siquiera una vez la porteria contraria. Mi padre, ante las lágrimas que recorrían otra vez mis mejillas, no sabía que decir. Podía ver que, ni siquiera él (ser todopoderoso donde los haya en esos tiempos), tenía una explicación a tremendo “baño”. Cuatro cero. Fin de ciclo, fin de una era, el cementwerio en el que el Dream Team fue enterrado. Atenas, cuna de la filosofía y la estética, suponía la derrota más dolorosa para un equipo que se acercaba más al arte o las matemáticas que al simple juego. Pero allí estaba la voluntad, la fuerza, lo que podríamos resumir en “las ganas” de un equipo que estaba dispuesto a hacer TODO por vencer. Y ese no era Barça…

Han pasado muchos años desde entonces. Yo ya soy un hombre de mas de cien kg, la mujer que más he amado en mi vida va a casarse con un tipo que la hace feliz pero al que ella es incapaz de querer, la crisis goplea a los hogares de millones de habitantes a lo largo del planeta, la naturaleza se encuentra acorralada por los mercados, las pantallas han invadido nuestro inconsciente y el afecto de las personas suele ser virtual (nada de apretones, de contacto y calor humano, de besos con saliba de la abuela o esa amiga de nuestra madre que tanto queríamos evitar), todo es diferente, nada es lo mismo. Pero yo sigo llorando cuando pierde mi equipo, Ni siquiera el fin del mundo, ni siquiera la belleza más pura que mi ser ha experimentado en su vida, los valles y glaciares, los alces, las llamas o la “fidelidad a primera vista”, como dice mi hermano, de las decenas de perros que pueblan estas tierras, puede calmar la tristeza que siento después de ver como el Bayern ha pasado por encima de mi amado Barça. Hoy vuelvo a repetirme aquello que me he dihco tantas veces, el fútbol no es la vida. La vida es algo más… El fútbol no rtepresenta una infinitésima parte de lo que signifa existir. Es circo, es un juego, veintidos tipos corriendo detrás de una esfera… Nada más. El fútbol no hará crecer la hierba que puebla esta inmensa y casi infinita tierra, el fútbol no hará que la luna brille más o que yo encuentre a mi alma gemela o que escriba mejor y sepa transmitir mejor lo que siento que, como todos sabemos, pues a todos nos pasa, es mucho. Somos complejos, somos humanos perdidos en universo que no terminamos de comprender y tenemos muchas preguntas y el fútbol, el simple correr detrás de una pelota, no va a solucionar nada de eso. Y sin embargo siento que, si por lo menos hoy el Barça hubiera tenido aquello que el mejor jugador de la historia y peor entrenador que recuerdo decía, su hubiera “TENIDO HUEVOS”, su hubiera caído con dignidad, dando patadas para que no nos maracaran más goles, para que la sangría no fuera mayor, yo estaría mejor. No recordaría esas épocas en las que, aún siendo pequeño, era consciente de que algo se había terminado. Hoy al barça, mi amado Barça, ese equipo que sólo representa un infinitésima parte de lo que siginfica existir para mi, ha sido barrido por el Bayern. Siete a cero en total. ¡Siete a cero! Fútbol es fútbol, y esa no es nuestra vida. Fútbol es fútbol y mañana seguiremos con nuestro día a día, nuestros problemas y alegrías, nuestrras sonrisas y lágrimas por aquello que verdaderamente importa pero eso no cambiará que haya visto el fin de una era, eso no cambiará que el barç

a te nga que vender a la mitad de su plantilla. Bayern 7, Barça 0 en el fin del mundo… ¡Os quiero!

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