CUÍDATE DE LOS SEÑALADOS POR DIOS

  • No se, en todo caso, allí estaba yo, sentado en el andén de la estación, esperando el tren. Ya sabes que los trenes no funcionan lo que se dice “a la perfección” y, como de costumbre, se estaba retrasando…

  • Si, es algo que suele pasar… Supongo que en algo debe notarse que no somos nórdicos…

  • Desde luego no somos nórdicos. Pero bueno, a lo que iba… Estaba esperando el maldito tren sabiendo lo que conllevaría el susodicho retraso. Hacía calor, mucho calor… Últimamente no es que me despierte muy temprano, por lo que serían algo así como las cuatro de la tarde. El andén no estaba ni muy lleno ni muy vacío, pero podría decirse que existía cierto revoloteo ¿Sabes?

  • Si, justo ese impas de tiempo en el que no hace mucho que ha pasado el anterior tren y el andén todavía no ha terminado de llenarse.

  • ¡Exacto! Ya sabes, la gente intenta llenar su tiempo haciendo cualquier cosa. Hay quien se compra un refresco, quien lee, ya sea una revista o un libro, y quien se pone a observar lo que sucede a su alrededor.

  • No hay nada peor que esperar…

  • ¿Quién no lo odia? La cuestión es que estoy allí sentado en el andén con ese calor sofocante de las cuatro de la tarde, esperando para coger el tren que me llevará a Barcelona, probablemente con retraso, y con una leve resaca que me provoca que todo lo vea como si fuera una especie de sueño. Ya sabes… La luz es distinta, los sonidos llegan como de lejos, las sensaciones que recorren tu piel no son tan nítidas… Y de repente lo vuelvo a ver. Allí estaba de nuevo, en el andén de enfrente, con su madre, esperando el tren en dirección a Vilanova con los restos de una lata de cerveza en la mano y esa pose de antiguo peladete que denota tanta inseguridad.

  • ¿A quién te refieres?

  • No se si lo conocerás. La verdad es que no era lo que se dice un chico popular…

  • Un tipo que iba a mi colegio… Y durante unos años fuimos vecinos. Él vivía unos cuantos portales más allá del mío…

  • ¿Y qué es lo que pasa con él?

  • No se, supongo que nada… Supongo que no es otra cosa que un ser desgraciado, como tantos otros en este universo. Pero verlo caminando con los restos de su cerveza por el andén (cuando le dio el último sorbo se fue a tirar la lata a una papelera que estaba a no menos de treinta metros de donde esperaba el tren con su madre), con esa chepa incipiente, esos andares de “aquí soy el que manda”, con sus gafas de aviador (probablemente falsas), a la vez que sacaba un cigarrillo, se lo encendía y seguía caminando hacia la basura cuando estaba claro que su tren iba a llegar en menos de lo que tardaría en fumarse ese pitillo, me hizo brotar de mi garganta una sincera y dulce carcajada… Pobre desgraciado…

  • Lo siento pero no entiendo…

  • Tranquilo no hay nada que entender… Bueno, quizás sí. No se… El hecho es que siempre, desde pequeño, había sido esa clase de niño que estaba predestinado a ser un perdedor. Era feo, bajito, casi deforme… Pero extrañamente no despertaba compasión alguna. Como decía mi abuela “cuidate de los señalados por Dios”¿Sabes?

  • Si, se a lo que te refieres. Yo nunca pude martirizar a esos niños que ya tenían bastante con su existencia. Yo era más de martirizar a la clase media. Con los matones no había nada que hacer y los desgraciados, mira, despertaban compasión, no era capaz de canearlos… Pero a los de mi misma condición…

  • ¡Exacto! Pero él no… Había algo especial en su actitud… Esa misma actitud que vi en su paseo por el andén, con sus andares vacilones, su contoneo de la chepa incipiente… Siempre ha arrastrado cierta resistencia a los designios que el universo a deparado para él.

  • Lo curioso es que, en cierto modo, eso debería ser digno de alabanza. La sociedad en la que vivimos y holywood… ¡Joder! ¿Cuantas películas de autosuperación habremos visto? Cosas del estilo de esa de Will Smith que es padre…

  • En busca de la felicidad…

  • ¡Si! O las típicas de un equipo de fútbol americano en las que comienzan siendo unos pringados que no pueden ganar un condenado partido para acabar ganando el campeonato…

  • Si… Como me gustan esas mierdas…

  • Si, bueno… Lo que quiero decir es que este sistema te bombardea con una cantidad ingente de impulsos que te empujan a mejorar, a tener más, a ser más, supongo que nadie ha venido a esta vida para perder, para ser un don nadie y pasarte la vida reponiendo alimentos en el supermercado o atendiendo a clientes en el mostrador de un banco o, incluso votando leyes que sabes que no van a mejorar una mierda la situación de los ciudadanos porque, al fin y al cabo, te importan una mierda y todos aquellos ideales que poseías cuando estudiabas politología en la universidad han sido devorados por el Leviatán y ya nada de eso te importa una mierda y al carajo con la gente que se indigna…

  • Te sigo… Pero que tiene que ver con este piltrafilla…

  • Supongo que al verlo allí con su lata de cerveza, su piti en la boca, sus andares, con su madre al lado aguantando un sol de justicia, esperando el tren. ¡El tren! sin ningún tipo de complejo, incluso vanagloriándose de su persona ante los que observábamos la estampa, me vino como una especie de sensación, mezclada con los recuerdos infantiles que tenía de él, de que este tipo había conseguido todo aquello a lo que había aspirado de pequeño.

  • ??????

  • Si…

  • ¿Te refieres, a ver si te sigo, a que este tipo no aspiraba a nada más que tener una actitud “chulilla” ante el mundo?

  • Más o menos… No se, es complicado. Recuerdo como, con quince años, solía fumar el petilla de buenas noches por la ventana de mi habitación. No se si te acuerdas donde vivía mi padre antes pero la ventana de mi cuarto daba a esa rotonda en la que había una cajero, ya sabes de que cajero te hablo…

  • Si…

  • Hubo un día en el que, en medio de los narcóticos pensamientos que recorrían mi cabeza, me sorprendí observando a un padre de familia ( no se si era realmente padre, pero tenia toda la pinta) bajar de un cuatro por cuatro, ir al cajero, sacar dinero y volver y marcharse en su flamante cuatro por cuatro… La acción no era nada especial, nada que pudiera ser interpretado como una revelación y, sin embargo, tuve una epifanía. Me di cuenta de que lo que yo quería en mi vida era eso.

  • No se por qué, pero en ese acto tan cotidiano vi resumido lo que yo esperaba conseguir de la vida.

  • Esa es una actitud muy, como diría, muy proto-macho…

  • Si, puede ser… Pero vi tanta belleza en ese acto, tanta seguridad en todo lo que le rodeaba; en su coche, en el sistema que le entregaba su dinero, en la salud de su cuerpo… Para mi ese hombre se convirtió en una especie de superman. Esta claro, no volaba ni tenía láser en lo ojos y, probablemente, no podía para un avión que cayera descontrolado por lo aires… Pero se convirtió en un modelo; todo lo que yo deseaba era, algún día, poder hacer lo mismo: bajar de mi coche, sacar dinero en el cajero y volver a subir al coche e ir a arropar a mis dos hijos y dormir al lado de mi mujer en un amplio dormitorio con tv por cable… Así quería que fuera mi vida…

  • Un cliché…

  • Si, puede ser… Ya ves que tampoco pedía demasiado, nunca he sido muy ambicioso, lo único que he querido siempre es estar tranquilo y disfrutar de este breve paso por la existencia…

  • Joder tío, eso es…

  • No se lo que es, quizás sea un poco egoísta, ¿no?

  • ¿Egoísta?

  • Si, bueno, se supone que, como buenos cristianos o hijos del pensamiento judeo-cristiano, deberíamos aspirar a mejorar el mundo, ya sabes, proteger al indefenso y toda esa mierda. Convertir la tierra en el reino de los cielos…

  • Si, supongo… ¿Pero a qué venía todo esto?

  • ¡A si! Ya lo recuerdo… ¿Sabes por qué te he contado toda esta historia de mi superman personal? Porque eso era lo que yo quería. Pero el otro día viendo al tipo del andén de la estación me dió la sensación de que todo lo que él quería ya lo había conseguido. Me dió la sensación de que lo único que había deseado desde pequeño era poder demostrar que él era un tipo duro, que era una de esas personas con las que, si te cruzas por la calle a solas, te cambias de acera. Ya sabes… un malo…

  • Pero un tipo así nunca podría convertirse en un malo. ¿Un malo con su madre a cuestas? ¿Dónde se ha visto eso?

  • Jajajaja… ¡Exacto! Es como si este personaje no se diera cuenta de que es imposible que algún día pudiera llegar a ser nada… Recuerdo que, si no me falla la memoria, tenía una hermana… La hermana poseía, sin duda alguna, el gen monstruito de la familia: a diferencia de su hermano ella era alta, con un largo cuello lo que acrecentaba la sensación de encontrarse ante un animal y no un ser humano (ahora que lo recuerdo la llamaban girafa, ya sabes como son los niños). También poseía unas patas largas, pero todo lo esbelto de su cuerpo chocaba frontalmente contra una cara que parecía sacada de otro cuerpo pues era rechoncha y chata; sin duda ese cuerpo y esa cara no habían sido creados para amarse. Todo esto le daba un aire de caricatura, de dibujo animado, de ser fantástico. No obstante parecía ser más aguda y astuta, algo que demostraba al no ser humillada socialmente en cada recreo.

  • Creo recordar vagamente a la chica… ¿No era a la que un día el hermano de Kike le enseñó la polla en el comedor y pegó tal grito que los niños de primero comenzaron a correr dirección al patio porque creían que era el fin del mundo?

  • Jajajaja… ¡Si! “¡el fin del mundo, el fin del mundo!” gritaban… Y no me extraña que pegara semejante grito, seguramente el ver ante sí ese miembro marronoso oscuro, todo arrugado y flácido, que pedía a gritos compasión femenina, le trajo a la memoria las imágenes de vejaciones y sometimiento que había visto durante años en las revistas y videos de su tío.

  • ¿Cómo?

  • Si… Recuerdo que vivían con su tío. La familia constaba de la madre, el hermano de esta, y los dos hijos de la señora. Nunca se supo del padre o, por lo menos, yo nunca lo vi. El tío era un hombre del que no recuerdo su oficio. Lo único que hacía a lo que se le pudiera llamar trabajo era recoger las pelotas de fútbol que los jugadores chutaban fuera del terreno de juego en los días de partido, pero nada a lo que se le pudiera llamar un trabajo serio…

  • Dudo que le pagaran por eso, por lo que ni siquiera se le puede llamar trabajo.

  • Lo único cierto es que siempre iba lata de cerveza en mano, acompañado de un pitillo y un aire de perdedor no disimulado. Allí lo veía yo, fuera del campo, esperando cazar la pelota perdida que, en muchas ocasiones, era robada por cualquiera de nosotros que corríamos desesperados ante sus impotentes gritos… Pobre desgraciado…

  • El tío, como iba diciendo, era un onanista empedernido. Recuerdo que mi vecino apareció una vez con una de esas revistas de su tío. Él nos mostraba, orgulloso de ser el centro de atención, su pequeño tesoro mientras nosotros descubríamos ese mundo mágico del cual no nos despegaríamos durante unos años. En la revista creo recordar que aparecían unas voluptuosas negras llenas de semen por todo el cuerpo. Recuerdo que eran negras porque la piel contrastaba antagónicamente con el esperma, un esperma de color blanco nuclear, y sus caras parecían reflejar cierto tipo placer, algo que ninguno de nosotros terminaba de entender… Negras desnudas postradas en el suelo, sus extrañas y lujuriosas caras, aquella materia viscosa y blanquecina que bañaba sus cuerpos… Existía un rumor, extendido por uno de los chicos que tenía un hermano mayor, que decía que si te frotabas el pito durante un rato después aparecía una mucosa blanca por donde meabas, pero nadie terminó de creérselo hasta que vimos esa revista. Esa fue la constatación de que le mundo adulto era más asqueroso y enfermizo de lo que hubiéramos imaginado nunca.

  • Jajajajaja… la pérdida de la inocencia. Ese chico te dio la perdida de la inocencia, sin duda le debes más de lo que crees…

  • Seguramente, más de lo que él me debe a mi…

  • La cuestión es que su hermana seguramente había visto durante años esas revistas y videos. Cientos de imágenes de tetas y culos, de corridas e imponentes falos, primeros planos de tortura anal, de clítoris y escrotos, de cosas que probablemente nunca llegara a entender del todo… Hasta que el hermano mayor de Kike le enseñó su miembro. La verdad, no sé si esa fue la primera vez que vio un pito en vivo…

  • No creo, quién no ha visto de pequeño a sus padres desnudos alguna vez… Yo por lo menos siempre vi a mi padre y a mi madre desnudos por casa.

  • Me refiero, no a que fueran siempre en pelotas, si no a que cuando se cambiaban o salían de la ducha iban desnudos y nadie hacia un mundo de ello.

  • Si, puede ser… Pero eso es diferente. Eso, digámoslo así, son pitos y tetas y vaginas “amigos”, “familiares”, que sabes, aunque seas pequeño y no acabes de entender nada de eso, que no pueden hacerte daño, que no comportan una amenaza. En aquél caso, la hermana del tipo se encontraba ante un falo que amenazaba con penetrarla y, sin duda, todas las pornográficas imágenes de la biblioteca onanista del tío le asaltaron la mente haciendo que saliera ese grito desgarrador que produjo la estampida infantil del “fin de los tiempos”…

  • jajajajaja…

  • jajajajaja… Pobres desgraciados… Quizás la vida con su tío la llevó a tener claro que, tarde o temprano, tenía que huir de esa familia. Hay quien escapa para no afrontar las cosas y hay quien huye por supervivencia. A mi parecer esta chica se encontraba en el segundo grupo. O se alejaba de su familia, o siempre se vería perseguida por la alargada sombra de los suyos. Cómo me decían “cuidate de los señalados por Dios”…

  • Ya… Creo que voy pillando lo que quieres decir, pero eso no nos deja en muy buen lugar a ninguno de los dos. ¿No crees?

  • Jajajaja… Si, la verdad es que no, pero bueno, ya sabes, uno existe de la mejor manera que puede: unos se revelan contra el destino, otros lo aceptan y supongo que la gran mayoría sólo espera morir sufriendo lo menos posible.

  • Bueno, ¿a quién le toca?

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